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martes, 1 de mayo de 2012

LA SINCERIDAD ES BONITA, HASTA QUE TE DICEN LA VERDAD


Una de las definiciones que más me ha gustado de la palabra sinceridad ha sido:
“Modo de expresarse libre de fingimiento“
Creo que lo que más me ha llamado la atención de la descripción ha sido que además de entender que ser sincero es hablar sin fingir, la sinceridad en ocasiones ayuda a darte cuenta de que hasta ese momento sincero, se estaba fingiendo.
¿Realmente es necesario saber siempre la verdad? ¿Es un acto de valentía contarla siempre? Claro, estas preguntas provocan varios puntos de vista...    


Cuando vives una situación no real, saber la verdad debería ser obligatorio, por ti y porque a nadie le gusta ser el hazme-reír de los que la conocen.

Cuando descubrir la verdad provoca que me sienta defraudada, elijo no saberla. De verdad: puedo seguir viviendo en la ignorancia de según que temas!


Para los que pensamos como yo existe el término “mentira piadosa”, esa que trata de hacer más digerible una dolorosa verdad con el único fin de causar el menor daño posible.

Cuando sufrimos un ataque de sinceridad, deberíamos primero valorar las consecuencias que ese gesto provocará. Todos sabemos cuando una verdad va a ser incomoda para el que la va a recibir, así que pienso que solo debemos utilizar la sinceridad absoluta, si tenemos la certeza de que vamos a ayudar.
Y en ese caso, tener preparado un plan B para después consolar.

También creo que como muchas situaciones en esta vida, la sinceridad tiene su tiempo. Una vez pasado ese tiempo prudencial, más o menos standard para todos, ya no es sinceridad, entonces es remover un pasado molesto con la finalidad de liberarnos del peso de nuestro conocimiento.
Cuando pasados los años alguien decide ser sincero, solo piensa en su conciencia y no en el daño o molestia que eso puede ocasionarte. 
Existe un tiempo en el que es muy importante para nosotros que nos cuenten las cosas con la mayor sinceridad posible, lo reclamamos, lo suplicamos si es necesario, pero pasado ese tiempo, o te aseguras de encontrar la mejor manera de sincerarte, para que el tiempo pasado sin contarlo esté totalmente justificado, o es mejor no explicarlas nunca. 

Hace unos días sufrí un: "¿Porqué me lo ha contado?” de un amigo que primero me puso en sobre aviso de que iba a ser sincero conmigo, confiando en que no lo explicaría a nadie.... y cuando acabó su exposición de sinceridad me dí cuenta de que la persona a la que no tenía que habérselo explicado nunca, era a mí. 
Hay que sopesar las consecuencias del uso de la sinceridad. Hay que tener en cuenta la situación de tu interlocutor para evitar crearle un nuevo frente después de escucharte. 
Lo que menos bien puede hacer en según que momentos, es una exposición de sinceridad.

Alardear de ser una persona muy sincera no es sinónimo de ser mejor. 
El no serlo tampoco tiene que ir acompañado del término hipocresía. 
Debemos saber cuando sincerarnos y cuando no; cuando alguien debe saber la verdad y cuando sin ocultarla, debemos maquillarla.

No hay que mentir, estoy de acuerdo, pero por favor: 
Sinceridad si es necesaria, a su tiempo y en ocasiones delicadas: con cuidado!

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