Está claro: no
puedes considerar nada como seguro, ni como eterno... la vida es un continuo
cambio y si se junta con el caprichoso destino, es un no parar de girar!
En ocasiones los
cambios se producen lentamente, tan lentamente que casi son imperceptibles, por
lo que no nos damos cuenta de que “esto ya no es lo que era”, hasta que ha
pasado mucho tiempo. Los podemos llamar cómodos.
Otras veces el
cambio es radical e inmediato... lejos de considerarlo cómodo, es más probable
que nos resulte difícil de entender y de encajar y suelen parecernos
inexplicables.
Mientras el lento
no nos provoca excesivos movimientos en nuestra vida cotidiana, el radical nos
alborota de tal manera que nos tiene una temporada descolocados.
¿Por qué me ha
tenido que pasar esto?
¿Por qué he vivido este episodio tan extraño?
¿Tendré
consecuencias en el futuro?
¿Será para bien o debo aprender algo rápido para
que no me vuelva a ocurrir?
¿Será un episodio aislado o consecuencia de algún
hecho anterior?
A veces tengo la
sensación de que las cosas que ocurren sin motivo ni razón aparente, son
lecciones de vida y que debo entender la moraleja para avanzar. El problema que
se me presenta entonces, es el de verme casi en la obligación de modificar algo
que no tenía intención de cambiar.
Como el cuento en el que un hombre sale de casa cada día y acude al trabajo por la misma acera.
Un día hay un agujero en el suelo y al intentar saltarlo, cae.
Al día siguiente recordando la caída piensa que lo saltará, pero ha llovido y el suelo está mojado. Resbala y vuelve a caer en el mismo agujero.
Un día hay un agujero en el suelo y al intentar saltarlo, cae. Al día siguiente recordando la caída piensa que lo saltará, pero ha llovido y el suelo está mojado. Resbala y vuelve a caer en el mismo agujero.
Así varios días, hasta que decide cambiar de acera para llegar al mismo sitio, eso sí, evitando la caída!
Como dijo un sabio:
“La vida es demasiado corta para andarse con indirectas”, así que pregunto: ¿No
sería más fácil para todos que nos explicaran lo que debemos entender, sin
tener que sufrir el temido desconcierto que nos producen los cambios?
Visto lo visto: hay
que aprender sin instrucciones!. Así que después de vivir un episodio extraño,
debo buscar el correspondiente aprendizaje hasta encontrarlo. Ahora me parece raro pensar que lo he vivido para aprender algo, por lo que deberé seguir dándole vueltas a la mente hasta entender el mensaje.
Eso no es seguridad
de no repetir errores... de ahí que a veces digamos: “es que lo sabía!”.
Tal vez la expresión correcta sería: “Otra vez lo mismo, no aprendo”.
Tal vez la expresión correcta sería: “Otra vez lo mismo, no aprendo”.
Por que
saberlo todo no lo podemos saber, podemos intuir, pero basándonos en hechos
pasados que nos enseñan (o al menos lo intentan), que –como rezaba el anterior
cuento-, es mejor que cambies la ruta para llegar a un sitio, por que por la
habitual puedes caerte.... otra vez!
Lo citó Paulo
Coelho: “Cuando menos lo esperamos, la vida nos coloca delante un desafío que
pone a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambio”

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