La queja es un
recurso que utilizamos para expresar nuestro inconformismo o criticar algo que
nos molesta.
Por lo general entendemos
una queja como todo lo contrario a un elogio, pero ¿Por qué no podemos pensar que
tal vez la finalidad sea productiva? ¿Por qué no tomamos la queja como un
aviso, una fuente de información, un “suerte que te has quejado”?.
¿Cómo podemos saber
que algo molesta, si no nos lo dicen.... si no se quejan?
¿Cómo podemos hacer
saber que no nos gusta determinada actitud, o una desafortunada contestación, si
no nos quejamos?
Tal vez el error
sea la manera de expresar las quejas y porque no contemplarlo también, la
manera de gestionarlas.
Si estamos
insatisfecho ante una circunstancia, si nos sentimos obligados a ir a un evento
al que no queremos ir: Quejemonos! Tenemos derecho a hacerlo y personalmente, a
mí me gustaría saberlo.
El problema viene
cuando la queja es en modo enfado, en modo grito, en modo soberbia,... entonces
el que recibe la dichosa queja inevitablemente se pone a la defensiva porque la
reacción normal, es de sentirse atacado.
¿Tan difícil es
decir las cosas con un tono moderado?
A veces si y todos hemos expresado alguna
vez una queja, con el volumen que no tocaba...
Si aprendemos a
guardar la compostura y a templarnos, tanto ante una queja, como para quejarnos,
tal vez saquemos el esperado provecho: El que se queja se expresa y el que
recibe la queja rectifica (si es necesario hacerlo).
Pero cuidado con
acostumbrarse a la queja, ésta puede crearse adictiva.
No es posible que nos
tengamos que quejar de todo y sobre todo.
No es posible que todo esté mal o no
esté a nuestro gusto y por ello tengamos que quejarnos.
No abusemos, ni
pensemos que el mundo gira a nuestro alrededor.
Si nuestro mundo es
una continua queja, tal vez sea un tema de insatisfacción personal o de
soberbia, en ambos casos existe un problema que, por más que nos quejemos,
debemos solucionar nosotros mismos, y lo antes posible, porque a nadie le gusta tener a un pitufo gruñón cerca.
Se corre el riesgo de quedarse solo, de que los que
durante un tiempo prudencial escucharon tus quejas, consideren que ya no pueden
y/o no quieren tolerar más quejas, que ya no pueden y/o quieren cambiar más
cosas para contentar al quejica.
No podemos
quejarnos continuamente emitiendo críticas que no ayudan, que no resuelven, que
no aportan nada positivo. Son quejas y actitudes nada productivas. No seamos siempre
víctimas, eso cansa mucho a todo el que tiene que escuchar solo quejas.
Abogo por la queja
constructiva, la productiva, la inteligente, la que sirve para que uno explique
y el otro entienda. La aplaudo!
No dejemos de quejarnos si es para bien, hagámoslo
sin gritar, sin enfados, y escuchemos las quejas con atención, sin ponernos a
la defensiva cuando deducimos que se nos están quejando.
"Cuando la gente critica o se queja, es que de algún modo han tocado algún nervio en ellos" (Madonna)


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