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domingo, 15 de noviembre de 2015

QUÉJATE PARA QUE PUEDA ENTENDERTE

La queja es un recurso que utilizamos para expresar nuestro inconformismo o criticar algo que nos molesta.

Por lo general entendemos una queja como todo lo contrario a un elogio, pero ¿Por qué no podemos pensar que tal vez la finalidad sea productiva? ¿Por qué no tomamos la queja como un aviso, una fuente de información, un “suerte que te has quejado”?.
¿Cómo podemos saber que algo molesta, si no nos lo dicen.... si no se quejan?
¿Cómo podemos hacer saber que no nos gusta determinada actitud, o una desafortunada contestación, si no nos quejamos?

Tal vez el error sea la manera de expresar las quejas y porque no contemplarlo también, la manera de gestionarlas.
Si estamos insatisfecho ante una circunstancia, si nos sentimos obligados a ir a un evento al que no queremos ir: Quejemonos! Tenemos derecho a hacerlo y personalmente, a mí me gustaría saberlo.

El problema viene cuando la queja es en modo enfado, en modo grito, en modo soberbia,... entonces el que recibe la dichosa queja inevitablemente se pone a la defensiva porque la reacción normal, es de sentirse atacado.

¿Tan difícil es decir las cosas con un tono moderado? 
A veces si y todos hemos expresado alguna vez una queja, con el volumen que no tocaba... 


Si aprendemos a guardar la compostura y a templarnos, tanto ante una queja, como para quejarnos, tal vez saquemos el esperado provecho: El que se queja se expresa y el que recibe la queja rectifica (si es necesario hacerlo).
Pero cuidado con acostumbrarse a la queja, ésta puede crearse adictiva. 
No es posible que nos tengamos que quejar de todo y sobre todo. 
No es posible que todo esté mal o no esté a nuestro gusto y por ello tengamos que quejarnos.
No abusemos, ni pensemos que el mundo gira a nuestro alrededor.

Si nuestro mundo es una continua queja, tal vez sea un tema de insatisfacción personal o de soberbia, en ambos casos existe un problema que, por más que nos quejemos, debemos solucionar nosotros mismos, y lo antes posible, porque a nadie le gusta tener a un pitufo gruñón cerca. 
Se corre el riesgo de quedarse solo, de que los que durante un tiempo prudencial escucharon tus quejas, consideren que ya no pueden y/o no quieren tolerar más quejas, que ya no pueden y/o quieren cambiar más cosas para contentar al quejica.
No podemos quejarnos continuamente emitiendo críticas que no ayudan, que no resuelven, que no aportan nada positivo. Son quejas y actitudes nada productivas. No seamos siempre víctimas, eso cansa mucho a todo el que tiene que escuchar solo quejas.

Abogo por la queja constructiva, la productiva, la inteligente, la que sirve para que uno explique y el otro entienda. La aplaudo! 
No dejemos de quejarnos si es para bien, hagámoslo sin gritar, sin enfados, y escuchemos las quejas con atención, sin ponernos a la defensiva cuando deducimos que se nos están quejando. 

"Cuando la gente critica o se queja, es que de algún modo han tocado algún nervio en ellos" (Madonna)






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