Páginas

viernes, 6 de noviembre de 2015

LA FELICIDAD ES LA CERTEZA DE NO SENTIRSE PERDIDO

"La felicidad es la certeza de no sentirse perdido". (Jorge Bucay)

Pasamos nuestras vidas buscando la felicidad, como si estuviera escondida y nuestra misión fuera saber donde escondieron la nuestra.
A veces esperamos que nos llegue la ansiada felicidad como si fuera un paquete envuelto en papel de regalo: “Si consigo tener tal cosa, seré feliz”.

Lo citó Voltaire: "Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una"

Cuando era adolescente definía la felicidad como un estado pletórico que poco menos me haría pensar y sentir: “Ya está: lo conseguí, soy feliz y ya no necesito nada más!”. Si me preguntaban: “¿Qué necesitarías para ser tan feliz como describes?”, me atrevía a explicar: “Si un día tengo un Volkswagen Golf, ese día seré feliz, porque ahora mismo me encanta y me parece dificilísimo tenerlo.  Como lo considero un lujo, si llego a tenerlo significará que tengo el resto de necesidades cubiertas”
El Golf lo tengo en el garaje, de color blanco, fantástico, solo mío,..... Pero ahí seguí en busca de la felicidad plena.
Otras veces dejamos nuestra felicidad en manos de otros: “Fulanito o Menganita hará, dirá, cambiará.... y entonces seré feliz”.
También tendemos a ponernos metas para ser felices: “Cuando acabe de pagar la hipoteca seré feliz; cuando adelgace seré feliz, cuando, cuando.....”
Estoy aprendiendo algo que he leído muchas veces y por lo visto he hecho caso omiso:
-No puedo considerar la felicidad como una meta. Cuando conseguía esa meta, me creaba otra y otra, y me acostumbré a necesitar cada vez una meta que me impedía disfrutar de la conseguida.
-No puedo responsabilizar a los demás de mi falta de felicidad. Como tampoco puedo agradecer a los demás mis logros. Debo ser suficientemente capaz de dirigir mi vida, mis decepciones, mis logros y mi fracasos y debo ser consciente de que mis posibles momentos de felicidad los he conseguido: intentando, perseverarando, respirando y volviéndolo a intentar.
-No puedo ponerme límites. Ciertamente cuando acabe de pagar la hipoteca seré feliz, pero no puedo esperar tanto!. Mientras que no lleguen esos momentos, debo disfrutar de los actuales. Cuando lleguen, tengo que llegar ya feliz y añadir ese límite o meta a mi felicidad. Lo llamaremos DOBLE FELICIDAD: la que traigo, más la conseguida!.
Si echo la vista atrás me doy cuenta de algunos momentos felices que no he disfrutado, pensando que todavía faltaba algo, que si pero...

No se trata de obviar los momentos no felices y vivir en siempre en el limbo, se trata de sopesar que a veces lo malo no es tan malo y aunque no nos sintamos felices del todo, siempre hay algo por lo que podríamos abrir una botella de cava y brindar, en lugar de vivir en una constante confusión entre lo que tenemos y sentimos y lo que no tenemos y nos gustaría sentir.


No hay comentarios:

Publicar un comentario