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jueves, 1 de agosto de 2013

TRANSPARENCIA

TRANSPARENCIA: Se aplica al cuerpo que deja pasar la luz y permite ver a través de su masa lo que hay detrás.

Aplicado al ser humano, ser transparente podría ser: ser sincero. Consideramos que una persona es transparente cuando se muestra tal como es, cuando creemos que no tiene secretos.
¿Conocéis a alguien que encaje con esta descripción? ¿No tener secretos? ¿Mostrarse tal como es, exponiéndose a parecer frágil, a llorar o gritar si eso es lo que se le antoja hacer?.

Tal como leo en una descripción, ser transparente es desnudarse el alma, es dejar caer las máscaras, bajar las armas, destruir las inmensas y pesadas paredes que nosotros insistimos tanto en construir y añado: insistimos porque es necesario construirlas para protegernos de quienes no sean tan transparentes como explica la descripción. 

Para ser realmente transparente, hay que decir lo que sentimos y lo que pensamos, y si le pedimos transparencia a los demás, hay que estar preparado para lo peor!. 
¿Lo estamos? ¿Queremos transparencia?

"Las lágrimas son transparentes, porque vienen de los más puros sentimientos del corazón"

Para no sufrir hay que tener en cuenta y muy presente, el estar seguros que la persona con la que van a demostrar este noble valor sea de su más entera confianza. Pero claro, que hoy lo sea no asegura que lo sea la semana que viene, ¿qué hacemos entonces: somos transparentes o levantamos la pared anteriormente citada.... para evitar futuras traiciones?
Porque cuando uno se sincera corre el riesgo de ser vulnerable, "la información es poder". Pero si no se sincera entonces corre otro tipo de riesgo: el de acumular y acumular, creando incluso alguna mentira para disfrazar su transparencia, para protegerla.

Ser transparente (lo más parecido a ser sincero), implica decir siempre lo que se piensa y se siente. Personalmente creo que no siempre es bueno, no siempre es la mejor posición.

El alma que no es sencilla ni transparente, siempre está complicándose, siempre está pidiendo explicaciones de todo.
Si queremos ser transparentes, debemos empezar por enfrentar con valor nuestros defectos y buscar la manera más eficaz de superarlos. 
La pregunta es: ¿queremos?. 
Si lo somos, pretenderemos que los demás también lo sean, es lo justo, ¿no?.
¿Estamos dispuestos a escuchar siempre la verdad? 

Citó Luis Gabriel Carrillo Navas:
"Con las personas se transparente como el agua, pero nunca le reveles a nadie hasta que sea necesario, que en las aguas quietas siempre hay posibilidad de huracán o tormenta".  


Cuento: La Tienda de la Verdad

Un hombre paseaba por una pequeña callecita. Al dar vuelta a una esquina se encontró de pronto frente a un modesto local. En el interior solamente se veía un atril que sostenía un cartelito escrito a mano que anunciaba: Tienda de la Verdad

El hombre se sorprendió y pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían. Entró. Se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:

— Perdón, ¿esta es la tienda de la verdad?
— Sí, señor, ¿qué tipo de verdad anda buscando: verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa?

Así que aquí vendían verdad. Nunca se había imaginado que esto era posible, llegar a un lugar y llevarse la verdad, era maravilloso.

— Verdad completa –contestó el hombre sin dudarlo. “Estoy tan cansado de mentiras y de falsificaciones”, pensó, “no quiero más generalizaciones ni justificaciones, engaños ni defraudaciones”.
— ¡Verdad plena! –ratificó. — Bien, señor, sígame. La señorita acompañó al cliente a otro sector y señalando a un vendedor de rostro adusto, le dijo: — El señor lo va a atender. El vendedor se acercó y esperó que el hombre hablara.
— Vengo a comprar la verdad completa.
— Perdón, ¿el señor sabe el precio?
— No, ¿cuál es? –contestó rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad.
— Si usted se la lleva –dijo el vendedor— el precio es que nunca más podrá estar en paz.
Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca se había imaginado que el precio fuera tan grande.


— Gra… gracias, disculpe… –balbuceó. Se dio vuelta y salió del negocio mirando el piso. Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo. “Quizás más adelante”, pensó…






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