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miércoles, 11 de julio de 2012

LOS DOS HERMANOS


Érase una vez un padre que tenía dos hijos:

El mayor era alto, guapo y fuerte, el otro era era débil y contrahecho; por ello el hermano grande despreciaba al pequeño.  
Éste lo pasaba tan mal con tantos desprecios que un día decidió emigrar lejos para así no tener que sufrirlos nunca más.

Cuando hubo caminado un trecho, se cruzó con un carretero y le preguntó:
- ¿Hacia donde se dirige?
- Llevo tesoros a unos enanos que viven en una montaña de cristal.-contestó el carretero
El pequeño le preguntó: -¿Cuál es la recompensa?
-En pago recibiré algunos diamantes.
- ¿Cree que los enanos me admitirán?.-preguntó interesado.
El carretero se compadeció de él y le dijo: -Lo desconozco pero si quieres, vente conmigo.
Y el pequeño, con dificultad por su maltrecho físico pero sin otro sitio a donde ir, decidió seguirlo hasta esa montaña.

Por fin llegaron al monte de cristal, y el guardián de los enanos recompensó ricamente al carretero.

El pequeño contó su historia al enano y éste, compadecido y agradecido por haber acompañado al carretero hasta allí, le dijo: -Sígueme!

Lo llevó a la montaña de cristal repleta de diamantes y piedras preciosas, allí estaban los demás enanos y lo admitieron de buena gana, llevando desde entonces una vida espléndida en tan rico lugar.


Ahora veamos lo que pasó con el otro hermano.
Éste, durante mucho tiempo, lo pasó muy bien en casa. Pero cuando se hizo mayor, tuvo que ser soldado e irse a la guerra. Fue herido en el brazo derecho y tuvo que pedir limosna.
Así llegó también a la montaña de cristal y vio allí a un hombre contrahecho, pero no sospechaba que fuera su hermano. Durante tanto tiempo lo despreció y se sintió tan superior a él, que no recordaba ni su cara.

Mas éste le reconoció en seguida y le preguntó: -¿Qué desea?
-¡Oh!, señor, estaré agradecido si me dais una corteza de pan, tengo mucha hambre. 

-Venga conmigo- dijo el pequeño.

Y entró en la cueva cuyas paredes refulgían de diamantes puros. 

Le dijo a su hermano mayor: -Puedes tomar un puñado de ellos si eres capaz de desprender las piedras sin ayuda.


Éste intentó con su mano sana desprender algo de la roca de diamantes, pero naturalmente no le fue posible.
Entonces el pequeño le dijo:  
-Tal vez tengas un hermano, te permito que venga y te ayude.

El mendigo rompió en llanto y dijo:
-Tuve antaño un hermano, pequeño y contrahecho como usted y tan bueno y amable, él seguramente me habría ayudado, pero yo le eché inhumanamente de mi lado, nuestras vidas se separaron y no sé que fue de él...
(Cuento de Hermann Hesse)
¿Cómo debería acabar este cuento? 
¿Debe el hermano pequeño aprovechar la oportunidad de devolver el daño causado? ¿Debe de nuevo el hermano mayor conseguir su propósito, y aprovecharse de la bondad de quién un día abandonó a su suerte? 
¿Cambia algo si cada uno de ellos sigue su vida? ¿Es necesario cambiar el final de las historias o podemos acabarlas cuando queramos? 
¿Deben acabar todos los cuentos con el típico: "colorín, colorado" y comer todos perdices?



4 comentarios:

  1. Yo pienso que lo mejor es que el hermano pequeño le devuelva el daño.

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  2. Gracias por tu comentario!
    Es una de las opciones, pero ¿realmente vale la pena? ¿Cómo se devuelve ese daño? ¿Conseguirá el pequeño sentirse mejor?

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  3. El cuento acaba asi:

    -Entonces dijo el pequeño:

    -Pues yo soy tu pequeño. No sufriras mas privaciones, quedate conmigo.

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  4. Es una opción, si señora!
    Gracias María Eugenia! ;-))

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