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miércoles, 6 de julio de 2011

¿ESTIRAMOS MAS EL BRAZO QUE LA MANGA?

Ya vuelve a ser primero de mes: hipoteca, luz, agua, teléfono (móvil y fijo, claro), seguro médico, comunidad, visa... ups vaya, este mes toca seguro del piso, IBI, parte del seguro del coche, 2 cumpleaños y tengo la nevera vacía! 
Debería decir que no compraré ningún extra en un tiempo, pero han empezado las rebajas, necesito unos zapatos, mi bolso favorito se me va a romper de tanto llevarlo y he visto unos pantalones a mitad de su precio normal y si no me los compro, tendré que esperar a las siguientes rebajas para encontrar una ganga igual...

¿Nos hemos acostumbrado a vivir con las deudas y a adquirir más de lo que se podemos asumir económicamente? ¿Estiramos más el brazo que la manga? 
 
O dicho coloquialmente: ¿despilfarramos?.

Creo que es algo más sencillo que todo eso: nos hemos habituado a un ritmo de vida, que -aunque no sea lujoso-, es agradable; dedicamos parte del día a trabajar para tener ingresos y de vez en cuando oímos eso de “total, la vida son 2 días, hoy estás y mañana quien sabe”.
El problema aparece, no cuando se llega al límite, sino cuando se sobrepasa. 

Empiezan a fallar en los pagos fijos haciendo de ellos una especie de pelota que crece y crece, y ahora viene mi crítica: Seguimos gastando!

No me molestaría en criticar este movimiento de la manga y el brazo, si no fuera porque últimamente escucho que “la culpa de que los bancos se estén quedando con los pisos que no se pagan, es …. del banco!! porque nadie avisó a los hipotecados que esto podía pasar” y digo: seamos realistas!

Asumamos y aceptemos nuestra responsabilidad, igual que aceptamos el dinero que nos concedió la entidad bancaria en su momento, para podernos comprar una vivienda.
Es cierto que pagamos unos intereses muy elevados, y que nos toca hacerlo durante muchos años (incluso todos los años siguientes a la firma), pero lo aceptamos y por tanto, creamos un vínculo y una responsabilidad, que como todos los vínculos y las responsabilidades tienen su parte buena y su parte no tan buena.

Dejemos de hacer apología del endeudado! 
Vivimos en una sociedad de consumo, en la que nos saturan con publicidad de todo lo que nos podemos comprar, y aunque dudamos como vivir sin determinados caprichos, no nos obligan a hacerlo.

Reconozcamos nuestra parte de culpa (solo tenemos parte de ella), y aceptemos que hemos entrado en una vorágine en la que queremos más; en la que si lo tenemos rojo, lo preferimos azul; en la que si nuestro vecino contrata un canal privado, nosotros sentimos la imperiosa necesidad de contratarlo también; si nuestro móvil no tiene las opciones del móvil de Pepe (tannnn útiles), no paramos hasta conseguir uno sino mejor, igual; y si el color amarillo es de la temporada pasada, NECESITAMOS comprarnos ropa de otro color... pero como no sabemos (y dudamos), como estaremos el verano que viene, la falda amarilla la guardamos “por si acaso se vuelve a llevar”. 
Osea: ¿tenemos posibles para renovar el vestuario, pero no podemos permitirnos tirar lo que no usamos? Entonces ¿Cual es nuestro estatus económico:
Clase baja: Aquella que es definida por un cierto nivel de pobreza y carencias, o
Clase media: aquellos que trabajan y que viven con soltura económicamente, pero sin tener lujos?
Eso abriría otro debate, en el que cada uno de nosotros debería dar su definición de "Lujo" y seguro que habría disparidad de opiniones.
Leo que la situación de clase es una determinada posición en un mercado, que define objetivamente las posibilidades de acceder a determinados bienes y oportunidades que circulan en éste. Pero sin tener capacidad económica suficiente para lujos, seguimos enfundándonos, ¿que culpa tiene el Banco?

¿A cuantos nos decían en casa cuando eramos pequeños y pedíamos algo vital para nosotros e innecesario para nuestros padres (de ahí la disparidad de la palabra “lujo”), “¿Es que crees que soy el Banco de España?”

 
Luego empiezas a trabajar a jornada completa, malpagado y estresado. Es entonces cuando entiendes que el dinero no..............



En este caso la vida nos da un par de opciones para escoger:
Podemos ser: inconscientes pobres con lujos, o conscientes pobres, sin lujos pero sin el título de morosos.
 
El dinero no da la felicidad, pero sí una sensación tan parecida que necesitaría un especialista para verificar la diferencia!




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