Siempre quise tener un perro... lo pedía insistentemente a mis padres y la respuesta siempre era la misma: "cuando tengas tu casa te lo regalaremos, pero ahora no".
En una ocasión me preguntaron que queria que me regalaran por mi cumpleaños y yo pedí: "un perro o una bicicleta"... tuve una super bici, pero del perro ni rastro!
Un dia una amiga me dijo que conocía a una criadora de cockers, con una cocker embarazada... yo ya tenía 23 años y capacidad para ocuparme de él, así que le encargué uno sin decirselo a nadie; le compré toda clase de artilugios para asegurarle una cálida recibida en casa y esperé ansiosa y en silencio su llegada.
Coincidió que el fin de semana que fui a buscarlo, mis padres estaban fuera, lo que me facilitó que el impacto al llevarlo a casa, se alargara un poco.
Cuando llegó a casa no era más grande que una bamba.
Lo mordisqueaba y olía todo.
Parecía que lo quería mirar todo, pero apenas veía aún.
Cuando llegaron mis padres y lo vieron, solo dije: "Se llama URKO y se queda".
Supongo que me vieron tan firme en mi afirmación y lo vieron tan gracioso que enseguida lo cogieron y mi madre le preparó un biberón de leche, dejandole claro (y a mí también) que se quedaba!A partir de entonces formó parte de mi família como uno más, aunque eso sí, el más mimado!
No había momento en el que Urko no estuviera. Siempre me acompañaba allí donde podía venir conmigo y siempre estaba a mi lado.
De hecho, mi vida se condicionó a su presencia. Si en un restaurante no admitían perros, yo tampoco iba; si lo llevabamos de viaje íbamos en coche, aunque tardaramos más en llegar, porque en otro medio de transporte él no podía ir a mi lado; si un día nadie podía quedarse con él e iba a estar muchas horas solo, yo cancelaba cualquier evento y nunca me supuso un esfuerzo hacerlo así.
URKO siempre estaba
Hasta me hizo "abuela" de 6 preciosos cachorrillos de diferentes colores!!
Nos quedamos con uno negro, SILVER lo llamaron los amigos a los que se lo regalé. Pensamos quedarnoslo, pero URKO no lo aceptó y hubiera sido muy complicado...
Era comprensible porque era el rey de la casa y cualquier otro hubiera sido competencia directa, no olvidemos que era un animal y su capacidad de comprensión era la adecuada a su condición, no podíamos hacerle entender que él iba a ser insustituible.
A pesar de su gesto triste, siempre pensamos que era un perro feliz. Disfrutaba con cualquier juego, con cualquier cosa que se moviera (un insecto, una luz, una pelota...).
Si nos quería pedir algo, se sentaba y nos daba la pata como para enseñarnos que era bueno y lo merecía.
Posaba si le pedíamos que nos enseñara lo guapo que estaba. Podría escribir un sinfín de anécdotas sorprendentes, que cualquier persona que tenga o haya tenído un perro, podría entender y seguramente compartir.
¿Habíais visto sonreir alguna vez a un perro?
Con él teníamos una comunicación extraordinaria, aunque por su parte no fuera verbal.
Pero un fatídico día se tragó un hueso de melocotón, con tan mala suerte que le fue a parar al intestino delgado. Pudieron sacarselo, pero ya no se recuperó... Los meses siguientes fueron los más tristes que recuerdo. Llegaba a casa y no salía a recibirme; no me despertaba para pedirme subir a la cama, ni oía sus pasos por la noche... ya no estaba.
La pena era tan grande, que hice pintar un cuadro que ahora preside la entrada de mi casa.
Él no estaba, pero si su recuerdo.
URKO ya no está fisicamente, pero siempre lo recordaré como lo que fue:
No podía faltar en tu blog un rinconcito para Urko, esa "personita" que nos dio tanto durante tantos años ...
ResponderEliminarYo también lo recuerdo en muchas ocasiones y consigue que se me dibuje una sonrisa en la cara. Un besito Urko, allí donde estés.
Que pena que Berta no lo conociera... se habrían disputado el mando! (aunque ya sabemos quien ganaría, menuda mi florecilla del Maresme!!) :-)))
ResponderEliminarPreciosa entrada. Vivir con un animal puede ser precioso. Saber que hay conexión con él, percibir sus sentimientos y saber que te necesita es, sencillamente, mágico. Quienes hemos querido y vivido con animales sabemos que son insustituibles. Siempre estarán con nosotros aunque físicamente ya no les tengamo.
ResponderEliminarCierto Juan Pedro, hay que tener o haber tenido un animal en casa para comprender muchas cosas que no perciben los que no han compartido vida con ellos.. Gracias por tu comentario!
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