GENIO: Persona con capacidad mental
extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables.
INGENIO: Facultad del hombre para discurrir o
inventar con prontitud y facilidad.
Dicen que de niños
tenemos un gran sentido de creatividad y que al pasar los años se va perdiendo.
Como si el genio y
su ingenio se oxidaran por falta de uso.
En cuanto una idea
es concebida y llevada a cabo como genialidad, habrá alguien que trate de
perfeccionarla y superar las expectativas iniciales.
Eso a mi entender no tiene
el mismo mérito! Si bien es cierto que las ideas deben adaptarse a las nuevas
realidades, “Genio” solo se le puede llamar a quién lo creó, a quién pensó
antes que nadie, a quién utilizó su capacidad creativa para llegar hasta ahí.
Las grandes ideas
son aquellas de las que lo único que nos sorprende es que no se le haya
ocurrido antes a alguien, y hasta en alguna ocasión llegamos a ser tan osados
como para pensar: “¿Cómo no se me ha ocurrido a mí?”.
¿Cuántas veces hemos pensado: "Yo lo habría hecho mejor"? Tal vez si, pero una vez ideado, ingeniado y creado, solo podemos pensar: "Se me ocurre perfeccionarlo".
El mérito es para quién llegó y trabajó la idea.
Confuncio citó: “Se
puede calificar de hombre superior el que primero pone en práctica sus ideas, y
después predica a los demás lo que él ya realiza”. O sea, no es necesario que
haya muchos genios, tan solo que los que cultiven el don de la genialidad sepan
predicarla a los demás (otro mérito añadido).
También existen personas no clasificadas como genios, quizás porque no inventan ni crean nada, pero por sus actos son ingeniosos ¿El ingenio es una modalidad del fenómeno genio?
Personas mentalmente ágiles, sorprendentes, que
actúan con una rapidez mental en momentos en los que su genialidad es lo más valioso que tienen.
Como dice a menudo mi madre: “Si no viene
fuerza, aviso a maña”
Las
ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas (Ramón Y Cajal)
El
verdadero heroísmo está en transformar los deseos en realidades y las ideas en
hechos. (Alfonso
Rodríguez Castelao)
Las
ideas, como las pulgas, saltan de un hombre a otro. Pero no pican a todo el
mundo. (Stanislaw
Lem)
“Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad
Media un hombre muy virtuoso por las envidias que tenían de él, fue
injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.
En realidad, el
verdadero autor era una persona muy influyente del reino, y por eso, desde el
primer momento se procuró un “chivo expiatorio”, para encubrir al culpable.
El hombre fue llevado a
juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas esperanzas de escapar al
terrible veredicto: ¡La horca!, ya que el juez, también comprado, cuidó no
obstante, de dar todo el aspecto de un juicio justo, por ello le dijo al
acusado: -“Conociendo tu fama y reconocido prestigio que ostentas en este
reino, donde tu sabiduría te ha permitido no errar en decisión alguna, vamos a
dejar en tus manos tu propio destino: Vamos a escribir en dos papeles separados
las palabras ‘culpable’ e ‘inocente’, tú escogerás y serás tu propio juez y por
lo tanto decisor de tu destino”.
Por supuesto, el mal
funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: ‘CULPABLE’. Y la
pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema
propuesto era una trampa. No había escapatoria. El juez ordenó al hombre tomar
uno de los papeles doblados.
Este respiró
profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, y
cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña
sonrisa, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.
Sorprendidos e
indignados, los presentes le reprocharon... -“Pero..., ¿qué hizo...?, ¿y
ahora...?, ¿cómo vamos a saber el veredicto...?” le imploraron.
-“Es muy sencillo,
respondió el hombre... es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo
que decía el que me tragué”.
GENIALIDAD,
sin duda!


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